Juan Pablo Philippi (FK Economics) defiende el formato de audiencias presenciales ante el interrogatorio de testigos en un claro análisis que aboga por concentrarse más en el fondo y no dar tanta importancia a la forma.

Ya llevamos casi dos años de pandemia y muchas cosas han cambiado en el mundo del arbitraje, siendo la virtualización de las audiencias una parte importante de dichos cambios.

En su columna de análisis en CIAR Global, el Dr. Bernardo M. Cremades nos resume su apreciación respecto de esta virtualización en una sola palabra: simplificación. Y destaca tres puntos centrales, uno de los cuales tiene que ver con los peritos y las audiencias en las que participan.

Quienes están en contra de este “formato” acusan que el proceso de interrogación y contra interrogación de testigos expertos se hace más complicado y menos eficiente porque, entre otras cosas:

i) ya no es posible hacer una buena lectura del lenguaje corporal, tanto del perito, como del resto de la sala;

ii) lo extenuante de las audiencias virtuales en la práctica obliga a concentrar las audiencias en menos tiempo; y,

iii) quienes utilizan técnicas del teatro para sus presentaciones, han visto perder la ventaja con la que contaban.

Si bien son argumentos válidos, la experiencia -como testigo experto-, da cuenta de que también existen una serie de beneficios de esta nueva modalidad que nos invitan a pensar que, una vez se regrese a la “normalidad”, no es tan obvio la conveniencia de una modalidad sobre la otra. Más allá del beneficio obvio que es lograr procesos más costo eficientes, y considerando que dependerá de cada tribunal el cómo se llevará a cabo la audiencia, algunos de los beneficios que se pueden identificar de las audiencias virtuales son los siguientes:

  1. Ambientes más relajados: al estar “en casa”, ya sea literal o en su propia oficina, el experto se sentirá mucho más cómodo que frente a un tribunal y las partes que están ávidas por bombardearlo de preguntas. Y estar más cómodo, sin duda, tiene implicancias positivas en términos de que el experto sea capaz de comunicar efectivamente su trabajo.
  2. Declaraciones más breves y estructuradas: siguiendo la lógica de simplificación del proceso como un todo, también las audiencias de testigos han tendido a tener tiempos más limitados y estructurados en cuánto a cuánto debe durar cada una de las “etapas” de la audiencia (interrogación directa, contra interrogatorio, etc), motivando la elaboración de participaciones más concisas y precisas.
  3. Declaraciones en equipo: ahora es más común participar de audiencias donde los expertos declaran como equipo y no individualmente. Puede ser por la “obligación” de hacer procesos más simples y breves, pero lo cierto es que para quienes trabajamos en la elaboración de informes técnicos, es una buena noticia. Es muy frecuente trabajar los casos en equipos -al igual que los abogados-, y cuando se trabaja en equipo, cada uno de sus miembros realiza tareas distintas y complementarias, razón por la cual todas las partes -o al menos el tribunal y expertos- ganan al tener una versión y explicación más integral de la pericia, versus la sumatoria de versiones parciales que se obtendrían por interrogar a todos los miembros del equipo por separado.
  4. Preguntas más al fondo: probablemente también producto del menor tiempo que, en promedio, están tomando las audiencias, tanto el tribunal como las partes -especialmente estas últimas- han reducido la cantidad de preguntas y han concentrado las pocas que hacen en temas que van directamente al fondo de la cuestión. Y eso, además de hacer más eficiente el proceso, permite al perito concentrarse en su área de expertise y no perder tiempo en preguntas que sabemos son parte de una estrategia que busca que el experto “pise el palito” (un chilenismo para decir que el perito cayó en la trampa o en la provocación).

Adicionalmente, es preciso señalar lo que nos dice el estándar Daubert respecto de los testigos expertos. En resumen, el estándar sugiere que el testimonio de un testigo experto “tendrá peso” en la medida que el experto:

  • tenga las calificaciones suficientes (formación y/o experiencia),
  • ayude a entender de mejor manera la evidencia presentada,
  • base su trabajo en hechos o data sin sesgos, y
  • base su testimonio en principios y métodos confiables.

Es decir, muy relacionado al fondo del trabajo y experiencia del experto y nada relativo a habilidades comunicacionales, lenguaje corporal, ni capacidad de responder preguntas bajo presión.

Por todo lo anterior, y dado que las audiencias virtuales han llegado para quedarse, es importante hacer la distinción y tener claras las diferencias entre audiencias virtuales y presenciales. Más allá de las conveniencias personales de cada uno, las audiencias virtuales solo redundan en una cosa, y es que todos los involucrados nos concentremos más en el fondo y perdamos menos tiempo en la forma.

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