Bernardo M. Cremades Sanz-Pastor, socio de B. Cremades & Asociados, reflexiona sobre la “virtualización” del arbitraje, la suspicacia anterior sobre su influencia en la confidencialidad o en los interrogatorios de testigos y concluye con aquellas aportaciones al arbitraje internacional de lo online que, para este reputado árbitro internacional, son sin duda positivas y se resumen en una palabra: simplificación.

Desde marzo de 2020 estamos inmersos en esta crisis sanitaria que ha impactado en todos y cada uno de los ámbitos de nuestra vida profesional y también personal. Esperamos que la inmunidad de grupo, las vacunas y todas las medidas tomadas por los diferentes Gobiernos ayuden a contener la misma, pero sí que es cierto que esta crisis ha revolucionado muchos aspectos de nuestra forma de trabajo y que, en algunos casos, han venido para quedarse. Y uno de ellos es la “virtualización” del proceso de arbitraje al que por miedos, como la confidencialidad, que parece más vulnerable en el mundo online, o la imposibilidad de valorar las reacciones sicológicas de los interrogados, hasta ahora no había llegado.

En el arbitraje esperamos con interés la decisión de recusación que un Estado soberano ha solicitado para todos los árbitros del tribunal porque habían mantenido la necesidad de que la audiencia programada en La Haya se realizara de forma virtual

En el arbitraje esperamos con interés la decisión de recusación que un Estado soberano ha solicitado para todos los árbitros del tribunal porque habían mantenido la necesidad de que la audiencia programada en La Haya se realizara de forma virtual. Esto es un precedente importante para señalar las facultades de los árbitros, en beneficio de la eficacia y celeridad del procedimiento arbitral. Los árbitros argüían que las dificultades para viajar a Holanda y el riesgo para la salud de todos los que participarían en esa audiencia arbitral exigía que, para no dilatar indefinidamente el procedimiento, la realización de la audiencia se efectuara de forma virtual.

Pero fuera de este caso, todas las partes de los procesos arbitrales hemos continuado nuestro trabajo de manera virtual. Al final los “miedos” eran solo eso, la tecnología permite encriptar reuniones, con los grandes angulares y visión 360º es posible analizar las reacciones sicológicas de los interrogados e incluso ver si está con alguien o no, etc. Pero si tuviéramos que analizar cuáles son los cambios que ha producido esa virtualización de los procesos y que seguramente van a impactar a los futuros arbitrajes, ¿cómo podríamos resumirlos? Quizás una palabra: simplificación. Esto impacta directamente en tres ámbitos:

1.- Escritos más concisos en los que se ha trabajado y resumido los hechos más importantes. No es lo mismo leer algo impreso que digital y las técnicas de lectura y comprensión son distintas. Por lo tanto, frente a los escritos excesivamente técnicos y redactados con frecuencia para el lucimiento personal del representante legal, estamos derivando hacia textos más concisos donde un buen resumen es lo más importante.

2.- Menos participación de testigos como peritos. Las audiencias resultaban interminables, repetitivas y nada clarificadoras con muchos peritos que a veces no aportaban nada. Si las audiencias presenciales son tediosas, las audiencias virtuales pueden ser extenuantes. Seguir la presentación de las partes en una pantalla puede resultar agotador; si se alargan en exceso, puede ir en detrimento de la capacidad de convicción.

3.- Eliminación del exceso de “teatralización” del proceso que han vivido los juristas anglosajones. La audiencia virtual exige mayor capacidad de síntesis en la presentación de las partes y un buen dominio de la tecnología para combinar lo que se diga delante de los árbitros y la documentación que al mismo tiempo se proyecta en pantalla. Es más importante lo que se dice que el cómo se dice.

En definitiva, esperemos que todos estos cambios, derivados de la realización de los procesos arbitrales en remoto, hayan venido a quedarse. Lo bueno si es breve, dos veces bueno.

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