Varios analistas piden que no se olvide la demanda marítima boliviana a Chile sobre el acceso al mar y que presentada en 2013 ante la Corte Internacional de Justicia como “Obligación de negociar un acceso al Océano Pacífico (Bolivia c. Chile)” se zanjó el 1 de octubre 2018 con una sentencia que desestimó todos los argumentos bolivianos a favor del gobierno chileno, pero que dejó abierta la vía de la negociación haciendo constar que no constituía un impedimiento a “continuar su diálogo e intercambios, en un espíritu de buena vecindad”.

A través de la demanda ante la Corte Internacional de Justicia, Bolivia pedía a Chile negociar en aras de llegar a un acuerdo que le asegurara un acceso soberano al océano Pacífico, y que Chile debía “cumplir con esta obligación de buena fe, de manera expedita y formal, en un plazo de tiempo razonable y de manera efectiva”.

El tribunal falló a favor de Chile concediéndole que no tenía “la obligación de negociar con Bolivia para alcanzar un acuerdo que le otorgue a Bolivia un acceso totalmente soberano al Océano Pacífico”. Pero también añadía que: “no debe entenderse que la conclusión del Tribunal impide que las Partes continúen su diálogo e intercambios, en un espíritu de buena vecindad, para abordar las cuestiones relacionadas con la situación de los litorales de Bolivia, cuya solución ambos han reconocido ser una cuestión de interés mutuo. Con la voluntad de las Partes, se pueden llevar a cabo negociaciones significativas.”

Ahora, cuando hace un año y medio del fallo del tribunal de La Haya sobre el conflico por la salida al mar, surgen voces en Bolivia que reclaman otras vías para negociar con Chile el acceso a las costas a través del diálogo.

En declaraciones al medio boliviano Página Siete (ver “Analistas: “Si Bolivia calla su pedido de salida al mar es aceptar que nos resignamos”, Leny Chuquimia, 23.03.2020), la analista Diana Borelli que aboga por buscar estrategis más inteligentes explica que: “Bolivia no puede dejar de insistir en que Chile debe negociar, se debe ver otros parámetros y otros caminos, yo parto de la revisión del tratado de 194. Nuestras autoridades deben hacer prevalecer el elemento de derecho internacional y acto unilateral llamado: protesta. Debemos seguir reclamando una salida soberana al mar, si Bolivia se calla -más de lo que hizo esta última temporada- es admitir que estamos tranquilos y nos hemos resignado”.

Y en la misma información, Ludwig Valverde explica que: “[…] Buscando los escenarios más allá del fallo del Tribunal de la Haya, seguramente hay otras estrategias que puedan gravitar en una salida la Pacífico que de solución a la que nosotros entendemos como una pérdida injusta”. Y habla de un enfoque “nuevo, fresco y a la altura del siglo XXI. Es necesario empezar -ahora- a diseñar estas estrategias”.

Por otro lado, en un artículo en Los Tiempos (“Expertos sugieren retomar la iniciativa política y jurídica en el tema marítimo“, Nelson Peredo, 22.03.2020), el abogado Víctor Hugo Chávez habla sobre el tema pendiente de Bolivia ante tribunales internacionales para reclamar territorios no comprendidos en el tratado de 1904. A su vez, Sergio Castro, el también experto en derecho internacional, dice que: “La posición con referencia a antes (de la demanda) está un poco peor, pero no considerablemente peor. El Estado chileno está asumiendo que hay una sentencia que le quita el derecho a Bolivia de reclamar una salida soberana al océano Pacifico, y eso es mentira”.

La posición boliviana y la respuesta chilena

(extracto extraído del artículo “Un balance tras el cierre de los alegatos orales en el diferendo Bolivia c. Chile en La Haya” de Raul Villanueva Pasquale, árbitro de la Cámara de Comercio de Lima, agregado para Asuntos Legales en La Haya y miembro del equipo peruano de Asesores Jurídicos en el Diferendo Marítimo con Chile)

“Bolivia sostiene que desde hace 130 años Chile ha prometido numerosas veces que encontraría una solución a fin de que Bolivia pudiera conservar en cierto modo una suerte de acceso soberano al Océano Pacífico. Bolivia afirma que esas promesas han dado nacimiento a una obligación de negociar con miras a encontrar esa solución. Este compromiso jurídicamente vinculante, se habría repetido de manera reiterada y constante a través del tiempo. El carácter constante de este compromiso se ha puesto de manifiesto en los numerosos intercambios y acuerdos diplomáticos entre las Partes, así como en declaraciones unilaterales y resoluciones multilaterales.” […]

Sobre la respuesta chilena: “A pesar de los resultados negativos de la excepción preliminar, Chile continúa basando su argumentación alrededor de la validez del tratado de 1904, al menos 25 a 30% de su argumentación tiene como eje ese punto, da la impresión como que estuvieran diciéndole a la Corte que su fallo adolecía de algún error fundamental.

Pero más allá de este punto, en verdad anecdótico, lo cierto es que esta vez Chile sí respondió a la demanda boliviana y de manera exhaustiva. Y lo hizo de la forma más lógica que era de esperar, es decir afirmando que lejos de haber mantenido una línea de conducta permanente respecto a la aspiración boliviana de una salida soberana al Océano Pacífico, lo que había ocurrido en la historia de los dos países es que cada vez que Bolivia había intentado poner sobre la mesa el asunto, Chile se había mostrado llano a entablar negociaciones, las mismas que en algunos casos se habían llevado a cabo, en otras no por diferentes motivos, por lo general atribuibles a Bolivia – a decir de Chile – e incluso fracasado en ciertas ocasiones por culpa imputable a ese país, que aun ha llegado a romper relaciones diplomáticas con Chile.” […]

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