Desde 2002 Deva Villanúa es abogado en Armesto & Asociados, despacho de árbitros con perfil internacional, de marcada independencia y con una gran experiencia en el campo económico. Durante este período ha sido nombrada presidente del Tribunal Arbitral, árbitro de emergencia, árbitro único y co-árbitro en más de veinticinco arbitrajes, tanto comerciales como de inversión. Fue en su momento la persona más joven designada árbitro por la CCI.

Además, ha sido designada Secretaria Administrativa de Tribunal Arbitral en más de 30 arbitrajes comerciales, árbitro en un arbitraje de inversión (Air Canada vs Venezuela) y asistente en más de 15.

  1. ¿Cómo valora la situación actual del arbitraje español?

El año que viene se cumplirán 15 años de nuestra ley de arbitraje. La figura del arbitraje está presente en la comunidad jurídica – ya no es una desconocida. Pero podría tener mayor calado del que tiene.

  1. ¿Cuáles son los principales retos, para mejorar la posición en arbitraje internacional, que enfrenta España?

Ante todo, debemos ganarnos la confianza de los usuarios internacionales. Y eso requiere un esfuerzo colectivo que pasa por:

  • una mayor transparencia y buena gobernanza de las cortes arbitrales,
  • mayor supervisión en los arbitrajes ad-hoc,
  • profesionalización de los árbitros
  • y rectitud en el proceso de nombramientos de árbitros.

Y los jueces deben ser conscientes de que son una pieza crítica en esta labor. El diálogo entre jueces y árbitros es fundamental, para que los primeros entiendan bien la labor de los segundos, y conozcan los límites de su labor de revisión en sede de nulidad.

  1. La figura del árbitro, los costes, la transparencia, procedimientos abreviados y de árbitro único, la regulación del Third Party Funding… son protagonistas de determinadas normas y reglas de las cortes internacionales, ¿cómo valora esta situación?

Mi valoración es positiva. Los arbitrajes deberían ser procesos rápidos, resueltos por profesionales, que dan, dentro de un marco jurídico, una solución eminentemente práctica en términos empresariales. Esto era el arbitraje en un principio.

Los procedimientos abreviados permiten, además, renovar la plantilla de árbitros y dar paso a otras caras más jóvenes, o al menos con mayor disponibilidad, que se comprometen a tramitar un procedimiento en cinco meses.

De ahí ha evolucionado a un proceso internacional, con tintes de múltiples jurisdicciones (con sus virtudes y sus defectos), que tiende a ser largo y complejo. Con el tiempo nos hemos acostumbrado a que éstas sean las características habituales de un arbitraje y se ha perdido algo de la esencia original del arbitraje.

La introducción de procedimientos abreviados en los reglamentos de arbitraje nos hace volver a los orígenes y rescatar, ante todo, la celeridad en la solución del conflicto, sacrificando alguna sofisticación procesal de dudosa utilidad (teniendo en cuenta el tiempo que lleva su trámite) como pudiera ser el Acta de Misión o la exhibición documental.

Los procedimientos abreviados permiten, además, renovar la plantilla de árbitros y dar paso a otras caras más jóvenes, o al menos con mayor disponibilidad, que se comprometen a tramitar un procedimiento en cinco meses.

En cuanto al resto de áreas de nueva regulación, voy a destacar los esfuerzos de la CCI en dotar de mayor transparencia al proceso de nombramiento de árbitros, que son esfuerzos muy bienvenidos. Confiemos en que el resto de cortes de arbitraje sigan su ejemplo. Y esperemos que esos esfuerzos continúen y en algún momento alcancen a la publicidad de los laudos comerciales (salvaguardando el anonimato de las partes, pero reflejando el nombre de los árbitros).

  1. Por otro lado, ¿cree que la búsqueda de diversidad en arbitraje internacional está justificada?

“haz ese esfuerzo, que no sale de forma natural, de pensar en una mujer cuando propones nombres de árbitros y de ponentes”

Sí, lo está. El arbitraje sigue estando, eminentemente, en manos de hombres de más de sesenta años. Hay un sesgo natural e involuntario y una tendencia a reproducir este perfil de árbitro en las designaciones de árbitro.

Es, por tanto, necesario que haya mecanismos que combatan este instinto, como lo es el Pledge. Que es una iniciativa que no exige a sus suscriptores una obligación de resultado, sino de mejores esfuerzos: haz ese esfuerzo, que no sale de forma natural, de pensar en una mujer cuando propones nombres de árbitros y de ponentes. Y así les das la oportunidad que no les da el mercado de forma natural.

  1. En relación con el Centro Iberoamericano de Arbitraje (CIAR), institución patrocinadora de esta revista, ¿cómo valora la promoción de una institución arbitral iberoamericana con pretensiones de convertirse en un referente en la administración de arbitrajes en la región?

Valoro siempre muy positivamente la existencia de cortes de arbitraje especializadas, ya sea en sectores del Derecho o por regiones. La especialización genera confianza. Pero las instituciones deben ser transparentes y someterse a códigos de buena gobernanza. Es la única forma de asegurarse de que aquella confianza perdure.

  1. ¿Cuáles son sus recomendaciones para un joven abogado que quiere orientar su carrera hacia el arbitraje?
  • Que mejore los idiomas que habla,
  • haga un curso de finanzas
  • y obtenga formación en, al menos, otra jurisdicción, además de la española.

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