La tecnología de los satélites ha evolucionado rápidamente en los últimos 10 años. Satélites que antiguamente podían tener el tamaño de un automóvil, tienen ahora las dimensiones de una caja de zapatos reduciendo costes de lanzamiento. ¿Cómo puede afectar esta tecnología al desarrollo de un arbitraje? Por Emilio Linde-Arias, Manager Engineer, Exponent.

En 2021 se han puesto en órbita más de 1.400 satélites, lo que supone un récord histórico. Sin embargo, la verdadera revolución se ha producido principalmente en torno a tres aspectos: la cobertura de la información disponible, los tipos de sensores, y la tecnología de interpretación de los datos.

Los sensores hiperespectrales capturan longitudes de onda que van desde el óptico, produciendo fotografías de detalle, hasta longitudes de onda inapreciables por el ojo humano, como el infrarrojo. Sensores tipo “sniffer” son capaces de detectar la presencia de algunos tipos de gases contaminantes en la atmósfera, desde los procedentes de incendios hasta los debidos a actividad industrial. Radares de apertura sintética (SAR) pueden ser usados para medir hasta milímetros de movimientos en el terreno, como por ejemplo los debidos a la actividad constructiva o por deslizamientos del terreno.

La mejora en la capacidad de procesado de los ordenadores permite transformar estos datos en conocimiento para su posterior análisis. La inteligencia artificial también está avanzando rápidamente en este campo y ya es capaz de revelar e interpretar cambios en tiempo real en el medio terrestre o marino mediante rastreo automático de imágenes.

Además, nuevos proveedores como Planet o la Agencia Espacial Europea (ESA) están produciendo una gran cantidad de datos de alta calidad, gratuitos en muchos casos. De esta forma se puede hablar de una cobertura a escala planetaria durante las 24 horas del día. La accesibilidad de estos datos ha hecho que su uso haya pasado rápidamente del ámbito académico al industrial y, actualmente, se utiliza esta tecnología para usos tan diversos como la prospección minera, la auscultación geotécnica de infraestructuras o la agricultura.

La detallada y extensa cobertura espacial y temporal también está generando bibliotecas de imágenes que pueden ser usadas de forma retrospectiva (las imágenes son capturadas periódica y globalmente). Por ejemplo, el análisis del impacto de catástrofes naturales como sequías o tornados está sirviendo para la preparación de pólizas de seguros indexados. Estas colecciones de imágenes satelitales son una poderosa fuente de información, que puede hacer mejor la eficiencia de la investigación forense en los arbitrajes. Una de las mayores dificultades en los arbitrajes, especialmente en materias de construcción, medioambiente y energía, radica en la calidad de los registros y datos disponibles en el expediente. Frecuentemente se consume mucho tiempo en la búsqueda de evidencias contemporáneas que sustenten un determinado argumento, tiempo que es siempre escaso y oneroso.

La información satelital capturada por teledetección se está empezando a aplicar más frecuentemente en verificaciones del tipo “antes y después” de cambios en el medio físico. Aun cuando, el método de uso más común actualmente es el espectro óptico (es decir, a través de imágenes evaluadas por el ojo humano), otros espectros están siendo más frecuentemente evaluados en la práctica. Sin embargo, el coste de las imágenes con resolución adecuada y el procesamiento de imágenes con espectros distintos al óptico hace que actualmente exista una limitación económica para su uso.

Sin embargo, en el corto plazo, el volumen de información y capacidad de análisis seguirá mejorando. Frost & Sullivan estima el lanzamiento de unos 7.000 satélites hasta el año 2030 que, junto con el desarrollo de la inteligencia artificial, facilitará la formación de plataformas con mapas e imágenes analizadas e interpretadas de cualquier parte del mundo, por remota que sea, y en cualquier momento (o periodo de tiempo).

En muchos casos, la accesibilidad y objetividad de los datos -“los satélites no tienen consciencia” como dijo Edward R. Murrow – facilitará el trabajo de los peritos y dará a los clientes información para decidir si vale la pena llevar la disputa a arbitraje o si es mejor llegar a un acuerdo. El reto estará, por tanto, en una adaptación de los expertos para sacar el mayor partido de estas innovaciones en los casos de arbitraje, a través de su análisis e interpretación objetiva, y en los abogados y partes en reconocer la existencia y ventajas del uso de estas evidencias a la hora de determinar sus estrategias.

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