Real Hearing. Tan real como en el tribunal


En las últimas semanas el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) amenaza con la ruptura. El rechazo de Canadá y México a las propuestas estadounidenses, entre ellas la eliminación del sistema de arbitraje para la solución de controversias contenido en el Capítulo 19, es visto como una intención del país liderado por Trump de que ambos países abandonen la negociación.

Asimismo, el presidente de EE.UU. no ha ocultado su intención de negociar bilateralmente con las partes si falla el TLCAN, lo hizo ante la visita del primer ministro estadounidense la semana pasada a Washington; pero, según recoge Reuters (ver “Trump says open to bilateral Canada, Mexico pacts if NAFTA talks fail“, Roberta Rampton, David Ljunggren, 11-10-2017), mostró su confianza en que una solución creativa fuera aún posible para los tres países.

La Cámara de Comercio estadounidense muestra, sin embargo, su insatisfacción con la estrategia del Gobierno de Trump acusándolo de sabotear el tratado demandando un trato favorable para EE.UU. relacionado con la industria del automóvil y la intención de incluir una cláusula de caducidad -“sunset clause”- para forzar negociaciones regulares.

Voces como la del Premio Nobel de Economía 2008, Paul Krugman, se lamenta de la incapacidad del Gobierno de Trump de dialogar de cara a mejorarlo y aconseja no renegociarlo ni cambiar nada (ver “Vale la pena salvar el TLCAN: Krugman“, Yolanda Morales, El Economista Mexico, 19.10.2017).

Por su lado, el exsecretario de Relaciones Exteriores Jorge Castañeda en declaraciones recogidas por en el artículo citado en el párrafo anterior, propone “impulsar una legislación secundaria para la protección de inversiones, que incorpore el componente de arbitraje internacional”.

Impactos sobre la economía del fin del TLCAN

ImpactECON, firma auditora estadounidense, ha publicado el informe “Working Paper 007: Reversing NAFTA: A Supply Chain Perspective” en el que alerta de los impactos que tendría el fin del TLCAN para las tres economías implicadas.

Aunque México sería el país más afectado en términos de empleo (según el análisis perdería 951.000 puestos de trabajo), Estados Unidos vería también una disminución de su PIB, comercio e inversión.

La producción disminuiría en toda la región, viéndose especialmente afectados los sectores del automóvil y servicios, así como la distribución de carne, alimentos y el sector textil estadounidenses; productos químicos y metales canadienses; y textil, indumentaria, electrónica y maquinaria mexicanos.

 Créditos de la imagen: Gage Skidmore. Flickr.  Attribution-ShareAlike 2.0 Generic (CC BY-SA 2.0)

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