Real Hearing. Tan real como en el tribunal


Manuel Gordillo es licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla y Máster en Asesoría Jurídica de Empresas por el IE Business School, ha intervenido defendiendo a empresas tanto nacionales, como internacionales en todo tipo de procedimientos judiciales y arbitrales de índole civil y mercantil. Entre otros, disputas derivadas de operaciones de fusiones y adquisiciones de empresa, productos bancarios, arrendamiento de inmuebles, arrendamiento de servicios, contratos de obra, responsabilidad extracontractual, responsabilidad de administradores, conflictos societarios y competencia desleal.

Ha intervenido como abogado en arbitrajes tanto internacionales (CCI, ZCC) como domésticos (CAM, CIMA, ad hoc). Pertenece al Club Español del Arbitraje.

Dentro de la vertiente concursal, ha actuado como administrador concursal, como abogado de entidad en concurso y como abogado de acreedor concursal.

Manuel Gordillo compagina su actividad jurídica con la docencia en los programas de Executive Education del IE Business School y colabora de manera regular con publicaciones en medios del sector jurídico y económico gracias a su especialización en el sector bancario, construcción, oil&gas, agencia y distribución y farmacéutico.

Además, es miembro del ICA de Madrid.

  • ¿Por qué su dedicación profesional al arbitraje?

Cuando un abogado centra su ejercicio profesional en la resolución de controversias, en particular dentro del campo del derecho de los negocios, es muy habitual que acabe entrando en contacto con el arbitraje.

En mi caso, además, siempre me he sentido atraído por este método de resolución de conflictos en cuanto nacido de la libre voluntad de sus intervinientes.

Aparte de ello, considero que se trata del método más eficiente, desde un punto de vista económico, para resolver determinados tipos de disputas, por ejemplo, aquellas que precisan de una solución rápida en el tiempo, que se pretenden mantener como confidenciales o con un componente de sofisticación técnica (no jurídica) muy elevado.

  • ¿Podría hacernos una síntesis de la evolución del arbitraje en España en la última década?

Yo hablaría de claro y progresivo desarrollo y expansión. Cada día son más las empresas y empresarios que cuentan con el arbitraje como uno de los métodos para resolver sus disputas, si bien es evidente que queda mucho para hablar de un empleo generalizado de esta herramienta.

A este respecto, la vigente Ley de Arbitraje supuso un importante factor para este desarrollo, al resolver algunas problemáticas surgidas de la anterior Ley de 1988, y al armonizar nuestra regulación con las principales directrices internacionales en la materia.

Buena muestra de este desarrollo y expansión en esta última década es la proliferación de cortes de arbitraje o la creciente atención que cada vez más universidades prestan a esta especialidad en sus programas de Derecho.

  • Como nuevo responsable de Arbitraje de Garrido Abogados ¿cree que el arbitraje está escalando posiciones en las áreas de los despachos?

Sin duda, o sí al menos en aquellos despachos que buscan posicionarse o consolidarse como referentes en el campo de la resolución de conflictos.

El arbitraje se va extendiendo en la práctica empresarial y conocer sus reglas es imprescindible para poder prestar un asesoramiento de calidad a los clientes.

  • España ha pasado a ser uno de los países más demandados en arbitraje de inversiones, ¿cómo cree que afectará esta situación?

Aunque es cierto que el número de reclamaciones ha aumentado exponencialmente en los últimos años, también lo es que el fundamento de la práctica mayoría de ellas es el mismo: los vaivenes en la regulación estatal sobre energías renovables.

Más allá de las consecuencias económicas de dichos procedimientos, y del impacto que pueda ocasionar en potenciales nuevos inversores, las referidas demandas no deberían influir en la imagen de España como país para la práctica del arbitraje.

  • Recientemente se ha creado el Centro Iberoamericano de Arbitraje (CIAR), ¿cómo valora la promoción de una institución arbitral iberoamericana con pretensiones de convertirse en un referente en la administración de arbitrajes en la región?

Muy positivamente. Como ya comentamos el arbitraje está en expansión no solo en España sino en muchos países de Iberoamérica, con lo que siempre será de utilidad instituciones nacidas del empeño de operadores jurídicos comprometidos con la prestación de un servicio de calidad a los justiciables.

Y ello sin mencionar el innegable efecto vertebrador que puede llegar a generar en toda la comunidad jurídica hispanohablante.

  • La figura del árbitro, los costes, la transparencia… son protagonistas de determinadas normas y reglas de las grandes cortes y otras instituciones internacionales ¿cree que en España se está afrontando la problemática relacionada al arbitraje de una manera adecuada?

Siempre han existido críticas al mundo del arbitraje al conceptuarlo como un mundo cerrado y endogámico. Sin embargo, estas problemáticas se están afrontando en España y prueba de ello es que se están produciendo cambios.

Así, se está produciendo en la actualidad un proceso importante de apertura, de entrada de nuevos agentes, de árbitros más jóvenes, y de otra serie de elementos que ayudan a superar las referidas problemáticas.

Y a ello también contribuyen decididamente instituciones dedicadas al estudio y mejora de la práctica arbitral, como el Club Español del Arbitraje, al que tengo el honor de pertenecer.

En definitiva, es deber común de todos los que practicamos el arbitraje contribuir a superar las críticas a la institución, de tal forma que quede garantizado el futuro de la misma.

  • ¿Cuáles son a su juicio los principales retos que enfrenta a corto y medio plazo el arbitraje en nuestro país?

Seguir progresando y continuar siendo una solución de calidad para muchas controversias. Se trata de trabajar en superar las principales críticas:

        – independencia de los árbitros,
        – costes,
        – condena en costas,
        – etc..

Y a este respecto habría que afrontar un esfuerzo de transformación de la realidad, pero también de pedagogía y promoción de la institución.

Por su parte, y siempre que se mantuviera su nota de sumisión voluntaria al mismo, no sería descartable explorar la posibilidad de emplearlo como una herramienta para superar la sobrecarga que satura a muchos de nuestros juzgados y tribunales. Así, podría tratar de crearse experiencias piloto, para un determinado tipo de controversias, por materia o por cuantía.

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